lunes, 3 de agosto de 2009

ESCUELA: Textos de fundación. 1997. Para una Ética

Textos de fundación.
1997
PARA UNA ÉTICA.
Jean Paul Gilson

Anticipemos que la ética se mide por su propósito y que para lograrlo, todos los medios están permitidos.

La ética se distingue de los códigos de deontología que exigen una aprobación colectiva.

La ética exige una adhesión subjetiva que puede encontrarse en conflicto con la moral y la deontología. Este conflicto por supuesto, no le es esencial, pero, su ocurrencia nos enseña sobre la radicalidad de los principios que intervienen en el campo particular de la ética.

¿En qué entonces, el descubrimiento freudiano, modificó los datos que nos legaba el pensamiento filosofante [nt. 1] ? En esto:

1º. La conciencia moral no bastaba ya más para garantizar su control sobre fenómenos que se le escapaban (la pederastia... hoy en día, por ejemplo);

2º. Que la existencia de deseos inconscientes que forman la trama no sabida de nuestra conducta cotidiana destituye la primacía de la buena voluntad y de las reglas que se le imponen.

Está demás decir que lo no sabido de ese deseo no paga automáticamente la aduana de las reglas prescritas por la civilización para preservar la intimidad y la privacidad de cada uno.

Con lo íntimo, entramos en efecto en el corazón del tema a debatir.

Porque lo íntimo no pondría ningún conflicto para una ética [1] si no le fuera consubstancial desdoblarse en exterioridad. Lo heimlisch siempre unheimlich. Lo extraño inquieta entonces por las afinidades que despierta en la vacuola de vacío que cerca al ser de cadauno. Hay entonces "extimidad" de la inquietante extrañeza. Cosa oscura de la que parece padecer el ser humano.

Es a este oscurantismo que Lacan dirige su Scilicet. Está permitido saber ahí donde algunos gozan del aura de goce con el que el Otro se engalana, simplemente para poderse ocupar el lugar de garante del decir. En otros términos, ¡no goza el que se cree! sino aquel que cree que el otro... Caracter transitivo de replica totalmente infantil.

El psicoanalisista no es en substancia este Otro, ocupa el lugar, incluso lo encarna provisoriamente cuando lo imaginario reina como amo.

Es decir que el goce no le ha sido nunca sino supuesto por aquellos mismos que temen que no haga uso imprudente del poder. Porque aún cuando se otorgara de ello la licencia no haría sino perder tanto su función como la apuesta subjetiva a donde el análisis lo lleva.

Esto implica dos cosas:

1º. Un seguimiento articulado de lo que soporta el acto analítico, o sea el alcance exacto de cualquier operación determinada por el deseo del analista, no su goce. Es desde este punto que parece franquear el umbral de la decencia para los timoratos o envidiosos, caso hasta aquí no articulado puesto que habría que agregar la significativa incidencia de la homosexualidad;

2º Una operación previa de vaciado del espacio subjetivo para el goce, el cual no es innato sino construido, como la obra activa del lenguaje y de su palabra nos lo demuestra y la teoría a partir de los trabajos totalmente pertinentes de un linguista como Guillaume, subduction que hace equívoco en este punto con subversión para todo sujeto.

¿Entonces, acaso solamente consiste, la ética analítica en engalanarse con efectos imaginarios? En este sentido, lo atipico del comportamiento bastaría: asimetría del dispositivo de la cura que ubica al analista por fuera del alcance visual de su analizante y restringe sus relaciones físicas a un darse la mano como saludo.

O, ¿en permitir la estructuración simbólica esperada?
En este caso ningún analista debería ignorar la insistencia silenciosa de la pulsión en el corazón de las series significantes tal como el ejemplo nos es abastecido por Lacan en "paréntesis de paréntesis" (en escritos, p. 48 2ª ed, Siglo XXI ed.). Aunque sospechamos que los cantores del ideal analítico están lejos de la verdad, ¿recorrieron solamente este artículo, a falta de comprenderlo?

¿El silencio de la pulsión, es el único en reunir la topología del vacío interno que cerca al ser del hombre?

¿Y la ética, en este caso, no exige, sino de momento, una pasión por la lógica y sus codificaciones? Medimos aquí lo que una escuela de psicoanálisis debe exigirse para sus impetrantes [nt. 2].

Pero no es todo.

Afrontar lo real de este lugar del vacío, va mucho más allá de la asimetría imaginaria constituida por el vacío de la mirada o de la articulación significante que requiere de su propia suspensión para su escansión. Lo Real es fenómeno, por el nudo que nos opone.

El nudo es también social. Parece que dos maneras autorizan las manifestaciones reales del goce humano [2] el síntoma como nudo y el saber.

Si la ética del analista preserva los dos primeros lugares en la escena estrictamente privada, parece que el tercero se desborda este marco.

El debate debe abrirse en este punto en que, vacío de su goce, este lugar es llamado a llenarse con el saber que lo desborda sin nunca poder colmarlo.

El saber no es idiota (gr. idiotes) [nt.3], se difunde, se comparte. En este sentido la ética exige del analista que de pruebas de su saber en campos más socializados que el espacio de la cura.

La cuestión queda no obstante, de saber si el analista puede ocupar un papel distinto de aquel de la enseñanza o del del amo (maître). Testimonio de un saber hacer ahí, que no es dado a ninguno y que despierta viejas reencillas y celos cuando no el exponerse a la muerte.

No digo más al respecto, por esta vez.


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NOTAS PIE DE PÁGINA
[1] Recordaremos lo que Freud nos decía ya sobre lo más privado de las curas de sus pacientes, que éstas son inviolables a causa de este único echo, demasiado privadas para ser reconocidas.
[2] Excepto este curioso artificio que mediatiza el falo en la sexualidad.

NOTAS DE TRADUCCIÓN [NT]
[1] nt. filosofante. participio activo del verbo filosofar. que filosofa.
[2] nt. impetrat, se dice de una persona que ha recibido un diploma, un cargo, una gracia que había solicitado. No tiene este termino traducción en español o inglés. Puede referirse a candidatos, postulantes, electos, que aplican para algo que se les confiere legalmente y dan de ello cuenta como laureados (receptores de tal gracia). "el comité le otorgó la calidad de impetrante en el consejo de vigilancia (se volvió miembro del consejo)". "El presidente da la bienvenida a los recipiendaires (laureados, digamos)" impetrant y récipiendaire, son terminos que dicen de la misma acción, aquel que recibe la gracia da cuenta de la recepción. tendríamos entonces en nuestro idima, postular para tal cargo y estar como laureado, es decir beneficiario de la gracia. En inglés tendríamos : applicant y newly elected member.
[3] nt. gr. ἰδιώτης, idiocia. idiota: padecer de idiocia. engreido, corto de entendimiento. etc.


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CART(ELM) virtuel
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